Me despierto con los primeros rayos del sol que se cuelan por mi ventana. Los recuerdos de la tarde de ayer están un poco borrosos pero, si me concentro un poco, todavía puedo ver con claridad la verdadera naturaleza de Iliana y de Maynarce. Todo esto es demasiado extraño. ¿Qué sucederá a partir de ahora? ¿Serán todos mis compañeros igual que Iliana y Maynarce? Y lo más importante, ¿seré yo igual que ellos? Maynarce dijo que no todos descubrían su naturaleza a la misma edad. Tal vez... No, imposible. Yo no soy como ellos, y nunca lo seré.
Me voy directamente al baño y me doy una ducha fría para despejarme y aclarar mis ideas. Me duele mucho la cabeza por culpa de las emociones de ayer. Lo que más me gustaría ahora mismo es volver a meterme en la cama y dormir tres o cuatro días seguidos. Pero no puedo. Así que me visto, cojo mis cosas y me voy a clase. Intento no pensar en los sucesos de ayer, pero solo consigo recordarlos una y otra vez.
Justo cuando llego a mi primera clase, me cruzo de frente con Maynarce. Se me había olvidado que coincidimos en todas las clases. Al igual que con Iliana. Va a ser un día eterno. Me siento en mi sitio y saco mi libro de Literatura. Acabamos de empezar Drácula. En ese momento, veo que Maynarce se me acerca, seguramente para preguntarme por qué salí corriendo, pero no tengo ganas de darle explicaciones a nadie. Justo en ese momento, la profesora de literatura, la señorita Nessa, entra en clase.
-¡Buenos días, chicos!- saluda- Espero que hayáis tenido un buen fin de semana, pero ahora toco ponerse las pilas de nuevo. ¿Alguien ha empezado ya a leerse Drácula?
Más de la mitad de la clase levanta la mano, yo incluida. Pero, ahora que lo pienso, ¿será sólo una casualidad que leamos Drácula? ¿O nos obligan a leerlo para saber a que nos enfrentamos? Porque, si es así, voy a tener una larga charla con mis padres para poder cambiarme de instituto.
-Bueno, veo que un gran porcentaje de la clase ya lo ha empezado. Me alegro. En este caso, ¿alguien puede decirme...
Desconecto en ese momento. Cuando la señorita Nessa pregunta sobre una novela, siempre elige a aquellos alumnos que todavía no han empezado a leérsela. La clase se me hace eterna y, cuando el ansiado timbre suena, soy la primera en salir de clase. Cuanto menos tiempo pase cerca de Maynarce e Iliana, mejor. Pero, al parecer, la suerte no está hoy de mi parte porque, en ese momento, alguien me agarra por detrás.
-Tenemos que hablar- me dice la inconfundible voz de Maynarce.
-¿De qué? Yo no tengo nada de qué hablar.
Y, por segunda vez en menos de veinticuatro horas, salgo a correr, huyendo de la realidad que me ha tocado vivir sin motivo. Una realidad que yo no he elegido.
Me dirijo al bosque. Parece que se ha convertido en mi refugio desde ayer por la tarde.
-¡Ireth! ¡Ireth!- Increíble, Maynarce no se cansa nunca.
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